Los activos afeminados son como las nutricionistas gordas: nadie quiere sus servicios. No es muy políticamente correcto que digamos, pero seamos honestos: hay roles que vienen con una descripción de puesto implícita. El porte varonil es lo primero que un contratante evalúa en Pasivón Ltda. Muchos estamos sesgados a favor de la masculinidad debido a la historia, atracción y compatibilidad.
Desde la antigüedad, los activos han sido machos rudos. Los griegos y los romanos, por ejemplo, le daban por el chiquito a sus enemigos esclavizados como símbolo de victoria (Smith, 2018). Por eso fantaseamos que los activos actuales nos dobleguen como si fueran Leónidas en 300, no Jerjes. La historia ha moldeado nuestras preferencias sexuales y no podemos controlarlas.
La feminidad de Jerjes nos quita las ganas. Esto ocurre porque los gais valoramos mucho la masculinidad, relegando a los afeminados a ser vistos como amantes menos deseables (Arana, 2021). ¿Te imaginas a Jerjes como activo? No, su delineador de ojos, uñas doradas y cejas cholitas no son atractivas. Ese cuerpazo no disimula su pasividad ni enciende nuestras fantasías rectales.
Lógicamente, ningún motor prende con el combustible incorrecto. El sumiso requiere un dominante porque esos son los roles de poder que desempeñamos en la cama—o en un potrero. Si el activo no concuerda con su papel de vaquero, ¿quién va a creerse la película? Nadie. No me imagino a Jack Twist en cuatro mientras Ennis del Mar se retoca el maquillaje.
Algunos criticarán esto como plumofobia por descartar amantes fuera de los roles tradicionales de género. Tienen razón, hasta cierto punto: todos somos hombres y podemos penetrar. Pero ahí está precisamente el problema que vengo señalando. Cuando la penetración se convierte en el único requisito del rol, renunciamos al resto de la fantasía. No podemos imaginar al atleta si viene disfrazado de porrista.
En resumen, no todo lo que brilla es oro ni todo el que penetra es activo. Estamos programados para desear machos porque encarnan nuestras fantasías sexuales históricas. La rudeza y la dominación nos excitan. Que esto sea una preferencia o una discriminación depende de nuestros modales.
Referencias
Arana, G. (2021, February 12). Gay Men’s Obsession with Masculinity Is Hurting Their Mental Health. Them. https://www.them.us/story/gay-men-masculinity-mental-health
Smith, M. D. (Ed.). (2018). Encyclopedia of Rape and Sexual Violence: [2 Volumes]. ABC-CLIO.