Novio de Temu: Un paquete lleno de traumas
Novio de Temu

Novio de Temu: Un paquete lleno de traumas

En 2010, las aplicaciones gais se habían convertido oficialmente en una liquidación. Muchos descuentos, pocas certezas. Pasé semanas contemplando una oferta romántica, sin saber si era una ganga o una imitación barata. Las fotos y descripciones del producto me tenían embelesado. Sin embargo, pronto entendería que no se puede exigir garantía cuando el corazón compra a un precio tan bajo.

Mi pedido, un muñeco llamado Joaquín, llegó después de veinticuatro horas de tránsito. Tenía cara de paquete maltratado en la aduana, pero yo asumí que el contenido estaba intacto. Era un consumidor iluso en ese entonces. Creía que el mercado gay premiaba mi fidelidad.

¡Vaya sorpresa que me llevaría!

Recogí mi muñeco en la terminal, lo traje a casa y le serví el desayuno. Me moría por activar la función de beso de bienvenida, pero Joaquín vino sin manual ni advertencia. «¿No me vas a saludar?», pregunté. Él respondió con un beso tan entusiasta como una conversación en Grindr.

Sus labios no se sentían nuevos, sino endurecidos por el mal uso. Le eché la culpa al transportista y seguí teniendo fe en el servicio al cliente. Tú sabes, la esperanza es lo último que se pierde a los veintitantos.

Después de la ducha, Joaquín salió en sudadera como si el producto necesitara más envoltorios. Procedí a desempacarlo sobre la cama. Faltaban centímetros, sobraban traumas. Sus baterías se agotaron durante el encendido, según él, por el largo trayecto del viaje.

Defecto de fábrica, pensé y fui al baño un instante, dejando la puerta abierta a la posibilidad de un simple arrunche. Pero al volver encontré a Joaquín completamente reempacado, sellado y listo para la devolución. Si crees que entendí la señal, no has estado prestando atención. Asumí que la luz parpadeante significaba que el dispositivo estaba en modo de suspensión.

Entre tanto, le mostré los celulares chinos que hacían parte de mi negocio secundario. Joaquín escogió uno y prometió pagarlo con las ganancias de cantar en una boda. Aparentemente ese mes todos sus ingresos dependían de eventos sociales ajenos. Entonces, lo acompañé al paradero. El bus se lo tragó sin despedida como quien te bloquea después de un mal polvo.

No temía perder el celular, aunque los ladrones abundaban en el mercado gay. Temía perder algo mucho más valioso. A veces, el mayor robo no era lo que se llevaban, sino lo que nos dejaban creer que traerían al regreso.

Cuando Joaquín volvió, lo saludé con un beso y recibí a cambio la acusación de ser meloso. Parecía que las muestras de afecto le provocaban un cortocircuito inmediato. Al menos, me pagó el celular.

Esa noche dormimos juntos (o en la misma cama, que no es lo mismo). Cuando intenté abrazarlo a medianoche, Joaquín me empujó con la fuerza de quien rechaza una mamada dientuda. Fue el «no lo recomiendo» que le faltaba a mi reseña.

A la mañana siguiente, yo ya quería iniciar el proceso de devolución. Pero Joaquín, sospechando que yo estaba a punto de dejar una mala calificación, me invitó a un centro comercial. Entre batidos de maracuyá (la fruta de la pasión, irónicamente) confesó que había visitado a su ex, el vividor. En vez de recoger pertenencias olvidadas, Joaquín trajo equipaje emocional. 

Comprendí en ese momento por qué las aplicaciones gais vendían tan barato. Eran un mercado de productos defectuosos y muchos aún lo frecuentan. Bienvenido, echa un vistazo. Aquí nadie viene en perfecto estado y nadie tiene garantía. Pero eso sí, todos intentan lucir como nuevos para incrementar las ventas. 

Después de darme gato por liebre, a Joaquín le tocó improvisar una política de compensación. Él creía que los batidos agridulces eran la manera más elegante de terminar algo que ni había empezado. Yo asentí, bebí despacio y deseché el número de guía apenas devolví el paquete a su condenada bodega.

Décadas después, sigo sin saber si aquella noche fue un rechazo o una reseña de una estrella que nunca debí ignorar. Lo único claro es esto: cuando el amor llega en caja maltratada, revisa bien el producto antes de usarlo.

Ryan Brü Ryan Brü